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UNA PAGINA CON ARTE DE LA PARROQUIA

      

El fruto de tu vientre

 

Poetica espiritual desde la terraza

 

cartas parroquiales

 

 

      

Esquirlas de corazon y alma

 

poesias de un abuelo

 

un cura de barrio

 


 

 

 

Una mirada, un poema.

Mira estas flores de primavera

Jardín del Edén en la subbética

Llego despacio a tocar la ramita

Y no me deja un insecto cogerla.

 

¡Qué sensación de color y belleza

En esta tarde templada y húmeda

No olvidaré las risas de las flores

Al verme nervioso y sin ellas!

 

Quedé absorto en sus muchas miradas

Todas unidas en pro de defensa

Solo tuve emoción de acariciar

La más pequeña blanca y tierna.

 

Dejaron sus colores y aromas

En esta imagen única, deseada

Nunca se marchará de mi retina

Y, sí, la tendré siempre grabada.

Santiago Baena Jiménez.

 

 


 

Retamas y peonias

   

 

Retamas sin carne y hueso

con dedos finos plateados.

Venid a mi encuentro, sigilosas,

con cánticos armonizados.

Os siento sonrientes y alegres

centinelas de los caminos,

nadie os toca vuestra piel

y, sí, acariciamos el rostro.

Los pies huelen a peonias,

flor exótica de paraíso,

son gotas de sangre caídas,

perlas preciosas del cariño.

Hacéis alianza nupcial,

éxtasis de enamorados,

llega el pájaro a despertar

vuestro amor de apasionados.

Sois seres encantadores,

orgullo de las Subbéticas,

ni siquiera roedores comen

vuestro cuerpo inmaculado.

¡Oh retama y bella peonia!

cautivo de mi mirada,

llego cauteloso a sorprender

el beso de amado con amada.

Ensimismado quedé absorto

como la abeja con su néctar,

siento la mejor emoción,

embriagado del dulce aroma.

Ha sido, para mí, el recuerdo

del amor hondo a la naturaleza,

deseé marcharme, de aquí,

 

y, no tuve pasos de vuelta.

Escribiré con notas de luz

mi estancia en la Subbética,

proclamaré siempre la verdad

de esta dulce experiencia.

Así, amo la naturaleza

que me habla de un amor pudoroso.

Así, os siento solas, calladas

en estas bonitas sierras. 

Al ser un creyente de Dios

intuyo estas grandes bellezas,

nada enturbia mi alma

y, sí, proclamo sus esencias.

De pequeño fui campesino

fiel amante de la tierra,

fueron mis padres los primeros

en darme amor y fortaleza.

Hoy, me siento centinela,

guardián celoso de un tesoro,

vigilo su pureza intacta

de cualquier vil atropello.

Así somos los autóctonos

enamorados de la sierra.

Así velamos día y noche

esta escondida belleza.

Gracias, Señor, por todo ello,

fuente inagotable de vida

eres, para mi, manantial

creador de gracia divina.

Santiago Baena

PARROQUIA DE SAN RAFAEL | parroquiadesanrafael@hotmail.es